“El chador azul” es un cuaderno, un diario personal de viaje. Y Beatriz elige el camino difícil, elige la palabra, la forma antigua, la forma personal de guardar el recuerdo.
“El chador azul” tiene la virtud que para alguien como yo, reticente a viajar a los países musulmanes, despertó en mi las ganas de conocer Irán. Seguir los pasos de Beatriz y su madre, utilizar su libro como referencia. Entender, por ella, que además de la típica belleza física de la arquitectura y paisaje de un país, están las personas que nos acompañan, las que conocemos, las que vimos por primera vez, las que nunca volveremos a ver.
Están sus carencias, sus virtudes y sus defectos. Todo por lo que resultan diferentes e iguales a nosotros. Su bondad y su maldad. Su pasado dictando el presente y su futuro por llegar.
Y están oriente y occidente. Nosotros respetando sus reglas, jugando unos días a ser uno más entre ellos, y ellos queriendo huir, escapar y ser como nosotros. Antigüedad y modernidad. Turistas y nativos. Excursionistas y cautivos. Azulejos, vidrieras, agua; música, mercado negro y fiestas privadas al anochecer. [...]











